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El Bosque Real junto al Abrojo

Textos: Teodoro San José García

 

Bibliografía:

  • Javier Palomar
  • Jesús Urrea
  • J.J. Martín González
  • Francisco de P. Amat

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            En el archivo Histórico de Simancas se encuentran diversos documentos que reflejan la constancia que el rey de Castilla Juan II, gustaba de acudir al coto de Castillejo para ocupar sus ratos de ocio en la caza de conejos y perdices, abundantes en la zona, mientras descansaba en el monasterio del Abrojo, lo que motivó (seguramente) que la reina Isabel “la Católica” mandara construir “un quarto de aposentamiento junto al monasterio del Abrojo”, existiendo archivados documentos que reflejan en cuanto  al pago de estas obras, se realizaron todavía en tiempos de su hija Juana “la Loca”; siendo además históricamente conocida la costumbre de los reyes castellanos de establecer alojamientos reales junto a los conventos de su devoción, para sus tiempos de retiro y meditación lejos de la Corte. De igual forma en el Memorial de Galíndez Carvajal se detalla que los Reyes Católicos ocuparon estos aposentos alojándose en ellos en el año 1517 explícitamente, si bien debieron ser igualmente visitados por ellos en otras ocasiones.

Detalle del acceso principal al Bosque Real desde la antigua carretera de Madrid

           En el año 1447 le fue entregada al propietario de las tierras de Castillejo (Alvaro de Herrera) como poder una carta firmada por el rey Juan II, para vedar el término de su propiedad y reservarlo para uso exclusivo de Su Majestad “Sepades que yo soy ynformado que en la cassa fuerte que dizen del Castillejo que es termino de la dha villa de Valladolid la qual es de Alvaro de Herrera mi guarda e vassallo e rejidor de la dha villa de Valladolid ay cierttas huerttas e sottos e pinar … y ay muchos arvoles assi de leña como de llevar frutto como para madera… y assi mismo ay muchos conejos e lievres e perdizes e en el dho rio mucho pescado; lo qual todo es mi merzed que de aquí adelante se guarde… que ninguna ni algunas personas no sean osadas de corttar en los dhos sottos e pinar ninguno ni algunos arvoles assi llevar frutto como de ottras naciones ni lo pazcan con sus ganados e vestias ni coman ni cazen los dhos conejos e lievres e perdizes…”  A la vez que quedó establecida la multa de 60 maravedís por el primer incumplimiento de la orden, más la pérdida de sus herramientas, sogas, galgos y podencos que llevasen, hasta 600 maravedís por la tercera infracción.

           El rey de Castilla Carlos I (futuro emperador Carlos V), se alojó en estas dependencias tras visitar a su madre en Tordesillas a su llegada España para asumir el trono, permaneciendo en ellas durante cinco días, mientras se preparaban los actos para ser coronado en Valladolid el 9 de febrero del año 1518 por las Cortes de Castilla.

          Según el cronista franciscano Francisco Calderón, Carlos I “… fabricó un palacio con cercado o parque muy ameno contiguo al monasterio y tribuna al Altar Mayor”, realizándose la ampliación entre los años 1550 y 1554 por iniciativa de su hijo, el joven príncipe Felipe II, y fue costeada con 2.000 ducados a cargo del mercader Rafaello Archaioli. El joven príncipe fue el encargado de comprar los terrenos lindantes para convertirlos en Bosque Real para constituir una zona de caza y descanso, llevando a cabo una repoblación de plantas frondosas. Estos ocuparon una extensión de 152 obradas (4.000 m2) abarcando desde el edificio conventual del Abrojo, hasta el puente de Boecillo, lindando con la margen derecha del río Duero; a la vez que todo el perímetro era bordeado por una cerca almenada de piedra, ejecutada por el maestro cantero Juan Redondo en el año 1556; y todo el conjunto pasó a denominarse Bosque Real del Abrojo.

Aspecto y vistas actuales de la valla de piedra que circunda el Bosque Real, 1.

Aspecto y vistas actuales de la valla de piedra que circunda el Bosque Real, 2.

        Otra mejora y continuación de reforma del palacete real emprendida por Felipe II, fue la ejecución de dos potadas gemelas realizadas por el maestro cantero Juan de la Vega en el año 1567, realizadas con piedra de granito de Cardeñosa (Avila), siguiendo el modelo de construcción de la Plaza Mayor de Valladolid tras el incendio del año 1561. La entrada principal a la finca se ubica al lado de la carretera (Frente a la casa fuerte de Castillejo), a manera de arco de triunfo, abriéndose por medio de un enorme arco de medio punto, amparado por dos cubos de piedra semicilíndricos.  La parte superior se encuentra almenada, y en el centro se colocó un gran escudo de piedra con las armas reales talladas, siendo timbrado por el águila de San Juan y el yugo y las flechas del escudo real de los Reyes Católicos

Detalle de la portada y escudo real con las armas de los Reyes Católicos, 1.

Detalle de la portada y escudo real con las armas de los Reyes Católicos, 2.

         En cuanto a los restos actuales del palacete real conservados hoy, encontramos un cuerpo de edificio de forma rectangular con pilastras y ventanas de ladrillo plano, típico de la época de Felipe II. En el centro de su fachada se halla la portada, hecha a base de tres monolitos de granito, que componen las jambas y el dintel que descansa sobre zapatas con frente perfilado en S, como las de la Plaza Mayor de Valladolid; y en el centro del dintel se encuentra esculpido el escudo real de la monarquía amparado por el águila de San Juan las armas reales,  siendo atribuida su obra a Juan de la Vega y datada en el año 1567; presentando el conjunto una gran sobriedad arquitectónica.  Según Jesús Urrea el actual edificio que conserva el escudo y pilastras originales del palacete “pudo haber pertenecido a las dependencias del palacio real”.

Restos actuales del antiguo palacete real.

Detalle del escudo del antigua palacete real.

        El incendio ocurrido en el convento y dependencias reales el 9 de abril de 1624, se inició en el convento y se extendió por el coro de la iglesia hasta las dependencias anejas palaciegas “por estar la tribuna de Su Majestad contigua al dicho coro” y las llamas arrasaron el segundo piso, suelos y techumbre, no quedando utilizable “más que tan solamente el primer suelo y paredes”. Por los informes y documentos conservados referentes al incendio y su posterior restauración, sabemos que los muros eran de tapia, tierra y ladrillo; así como la existencia de varios edificios: el principal, destinado a los alojamientos de los Reyes, dispuestos en dos pisos.  Estaba situado al sur, “desde la capilla mayor del dicho convento hasta la cerca del bosque”; y se accedía por un soportal, que a modo de galería constituía la puerta de ingreso. La planta inferior contenía dos habitaciones, con pavimento empedrado y techo de bovedilla, con una superficie de 8,68 metros, y 11,48 metros. Una escalera de doble tiro desembocaba en el “cuarto de recibimiento” que poseía chimenea con campana, dando acceso al piso superior con pavimentación de ladrillo cortado; con igual superficie de la planta baja, donde existían dos habitaciones. Otro edificio existente fueron las caballerizas con una longitud de 37 metros.

      La reconstrucción tras el incendio fue llevada a cabo por Francisco de Praves, como arquitecto y maestro mayor de obras de la Casa Real en Valladolid, y una vez fallecido éste y transcurridos 14 años del incendio, fueron dirigidas por Melchor de Beya a partir de 1638.  En 1646 se realizaron nuevas obras sustituyendo aún vigas deterioradas por el incendio, reinstalando nuevos suelos, bovedillas y tejados, a la vez que se reparaban ventanas y puertas y se reparaba la escalera. En 1757 se efectuó la reparación de la cerca del Bosque construida en 1556, por el arquitecto jerónimo Fr. Antonio de San José Pontones por encontrarse muy deteriorada.

Vista actual del lateral del palacio adosado a la iglesia, donde se puede observar aún, la puerta y ventana que conectaba con el coro de la capilla.

         Tanto la Casa Real como el Bosque Real del Abrojo fueron visitados habitualmente por los diferentes reyes; las crónicas de Galíndez de Carvajal atestiguan las visitas efectuadas por la reina Isabel la Católica, sobre todo en el año 1475; Carlos I permaneció allí durante 5 días antes de ser coronado en 1517, volviendo posteriormente en otras ocasiones, según afirma el cronista franciscano P. Calderón al informar que el Rey se retiraba al Abrojo “.. muchas veces, singularmente las cuaresmas a meditar lo caduco de la vida humana..”. Felipe II igualmente lo visitó en varias ocasiones, siendo conocida su visita tras la muerte de su esposa, María de Portugal, en cuya ocasión permaneció allí retirado durante tres semanas; siendo narrada su estancia por el arquero de su guardia Enrique Cock, al igual que la crónica narrada de su parada en el Abrojo  en el año 1592, cuando acudía a las Cortes de Tarazona “.. vino a dormir en el Abrojo, donde hay un monasterio devotísimo de los descalzos de San Francisco, y allí está pegado un palacio y recreación de los reyes de Castilla, cuando quieren yr a holgar fuera de Valladolid. El sitio es muy alegre por estar sobre el Duero y tener muchos pinares, abundantes de toda caza”, efectuando la visita el 25 de junio de 1592 y hospedándose allí hasta el 27 de junio de 1592, partiendo hasta Valladolid donde recibió todos los honores, incluidos los festejos con toros al haber preparado los vecinos unos tablados para su celebración, entre el palacio y el río Duero, partiendo luego hacia Simancas y Puente Duero, crónica que relata Enrique Cock de la siguiente forma: “.. Cúpome ir con los demás en un lugar que se dice Laguna, algo desviado de Valladolid, poco menos de legua y media de Simancas, empero quedamos muy bien acomodados, porque los vecinos de este lugar son todos labradores ricos y tienen el nombre de una laguna que está junto a él, cuya agua no se bebe por ser salobre y en él están aposentados los que vienen con Su Majestad cuando se detiene en el Abrojo, que está aquí cerca..”.

         En 1624 el franciscano Padre Calderón narraba en su crónica:  “El año 1.624 a 9 de abril, se quemó todo el convento sin quedar en él la menor piedra que el incendio no redugese a zenizas, asta el Real Palacio que fabricó la piedad del Señor Emperador, quedó asolado..”

       En el siglo XVIII tras la subida al trono de la familia real de los Borbones, y tras haber sufrido un paulatino desinterés por los reyes,  se dejó de usar el lugar como sitio de esparcimiento, sobre todo con el cambio de la Corte a Toledo y posteriormente a Madrid, mientras sus terrenos eran arrendados para usos de pastos a los carreteros de la Cabaña Real, llegando a pagar por ello 400 reales al año a mediados del siglo XVIII, para definitivamente suprimir el convento en el año 1823, por efecto de la desamortización, que se encontraba mortalmente herido tras haber sufrido una fuerte riada en el año 1788; mientras que el palacio aún tuvo la visita real de Fernando VII y su esposa D. María Josefa Amalia de Sajonia en el año 1828.

       En 1.842 el arquitecto titular de arbitrios de Amortización, Epifanio Martínez de Velasco reconocía los restos de las edificaciones que permanecían en el lugar y realizaba unos planos donde recogía los edificios existentes denominados “Casa y corrales de Real Patrimonio”, aludiendo a los restos del palacio real y realizando una tasación de toda la finca, incluyendo los edificios, estimada en 61.277 reales; siendo finalmente todo ello vendido el 17 de mayo de 1872 por el Patrimonio Real, por efectos de la desamortización del ministro Mendizabal, durante el reinado de Isabel II.

Vista actual de restos de edificaciones existentes en la anterior ubicación del Palacio Real y jardines.

       Hoy se encuentra toda la finca vallada por la cerca de piedra, ocupada por la moderna urbanización “El Bosque Real”, donde una vez toda ella parcelada, proliferan las construcciones modernas, a pesar de la crisis sufrida en los últimos años, sobre todo en el ramo de la construcción; y la ejecución del tramo de valla de unos 60 metros en el lado suroeste del palacio junto a los restos del convento, efectuada con materiales modernos, los cuales presentan una total discordancia con el resto de la valla.   Al igual que el tramo de vallado derribado en el promedio del lienzo del lado norte de la finca, que alberga la actual entrada a la moderna urbanización, si bien presenta un aspecto más acorde con el primitivo cerramiento.

      Por otro lado existe un solar delimitado como zona de compensación en el número 2 de la Avenida de España, que alberga todos los restos y edificaciones existentes del Palacio Real; el cual, se encuentra recogido dentro del Plan General de Ordenación Urbana, y sobre el que la Asociación del Patrimonio Histórico Artístico de Laguna (APHAL), junto con la parcela nº 4 del polígono 8 de la localidad (Restos del convento del Abrojo), presentó un proyecto en febrero de 2012, tras realizar un estudio de la zona, donde solicitaba la limpieza y desbroce de las zonas del vallado restos y solares, así como la sustitución del tramo de tapia “reconstruida” del Bosque Real, por otra que permita verse los restos del palacio desde el exterior, a la vez que solicitaba la instalación de paneles explicativos sobre el significado histórico y los contenidos medioambientales del lugar.

Detalle de la nueva entrada a la moderna urbanización del Bosque Real (vallado norte).

      Por otra parte solamente queda reseñar, que durante el mes de noviembre del pasado año 2016, un grupo de voluntarios ambientales de Laguna, efectuaron una gran labor de limpieza, retirando la maleza y arbustos que cubrían los restos del antiguo convento del Abrojo, en la cara sur del mismo que aloja la fuente de San Pedro (de las Herejías).

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3 pensamientos en “El Bosque Real junto al Abrojo

  1. Quiero recordar el proceder adecuado para las publicaciones en las que se consulta informacion de otros autores como es el caso. Dado que toda la información histórica contenida en este artículo figura en EL CRONICON DE LAGUNA, publicado en 2004, del cual soy autor, es preceptivo citar dicha obra de la cual se han extraído los datos y todas las frases y párrafos textuales que figuran en el mismo.
    Un saludo
    Javier Palomar

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  2. Hace tiempo hice fotografías de una lapida en la que fue enterrado un alcaide del castillo de Simancas y del Palacio Rea del Abrojo a finales del siglo XVI, si os interesan hacédmelo saber

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